Si tuviera que elegir un sólo cuadro sería...

Sin dudarlo este cuadro de Francis Bacon 

Estudio después del retrato del papa Inocencio X de Velázquez, 1953, óleo sobre tela, 153 x 118 cm., Des Moines Art Center.
En la foto se ve la obra de Velázquez a la izquierda y a la derecha la de Bacon. Esta obra es, en el sentido más puro de la palabra, una reinterpretación. Es decir que se absorbe la obra modelo para recrearla de manera personal. 
Velazquez debía comprar cuadros y estatuas para el rey Fernando IV durante un segundo viaje a Roma en 1649. Fue cuando, gracias al éxito de sus recientes cuadros como el de Juan Pareja, fue introducido en la corte del Papa. Así, pintó este retrato de Inocencio X durante la primavera de 1650. Un retrato oficial que corresponde a un encargo, lo que contrasta con la obra de Bacon que consiste en una maduración de la obra original y forma parte de una serie de más de cuarenta cuadros del Papa. Una obsesión que desencadena en una reflexión pésima sobre la condición humana.

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